martes, 25 de noviembre de 2014

Días de suerte

Era un lunes como cualquier otro y yo ya estaba terminando la jornada laboral. Mientras terminaba de guardar mis pertenencias para partir a  la clase de guitarra, note que el clima estaba estupendo. No hacía demasiado calor y la tarde se prestaba para caminar. Una buena excusa para ejercitar el cuerpo y despejar la cabeza.
Ya con todo pronto, me despido de los compañeros que se quedan y voy rumbeando hacia el ascensor. Luego de llamarlo, me invade un mal presentimiento, entonces decido que es mejor bajar por las escaleras, total, hoy el reloj es mi aliado.
Y hablando del reloj, ahí está él. Tan imperturbable como siempre. Y aunque lo miro fijamente, no logro acelerar el último minuto, que parece tener más de sesenta segundos. Pero de todas formas, hoy ni eso me perturba.
Con mi mejor cara arranco mi trayecto. Cada cuadra que avanzaba me hacía sentir más y más relajado. Miré las vidrieras que me interesaban, cruce cada equina solo cuando los semáforos me lo permitían, cedí el paso a cada transeúnte que se me cruzaba y hasta aproveché para comprar garrapiñada para el resto del camino. El saborearla potenciaba mi buen humor. Esto debo hacerlo más seguido, pensé. Tantas veces me encuentro corriendo contra el tiempo sin motivo. ¿Para qué? ¿Los minutos ganados quedan guardados en algún tipo de banco? ¿Los voy a poder retirar cuando los necesite? No lo creo, concluí.
Y ahí estaba yo; entrando el la recta final. Pero algo me saca del trance. Fue una especie de chicotazo en la espalda; como si alguien me hubiese arrojado piedritas, a lo que me di vuelta rápidamente y nada. Seguí observando a mi alrededor en busca de algún sospechoso, hasta que decidí no prestarle atención y seguir mi rumbo. Ya a dos cuadras del acontecimiento, empecé a sentir una especie de humedad en el lugar del chicotazo; que era un sector de la espalda, bastante incómodo para llegar con mis propias manos. En eso veo una farmacia que tiene de esos espejos con publicidades. Crucé hasta ahí, y al observarme la espalda, la imagen reflejada confirma mis sospechas… Un plumífero amigo se cagó en mí y en mi día de suerte.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Veo, escucho... aprendo.

¿Qué pensar,
qué hacer
y qué decir?

¿Qué hablar y qué callar?
¿Qué usar y qué guardar?

Dime tú
que es lo que quiero oír.
Muéstrame quien soy,
y te diré quien eres.

martes, 18 de noviembre de 2014

Divague sensorial

Hoy, en uno de mis clásicos trances me sorprendí cavilando que yo, soy una batería.
El ritmo de mi bombo corazón (según sea mi sentir), marca y bombea el tiempo de mi vida; me acompaña dilatadamente en la tranquilidad pero en la euforia golpea en agresivas fusas. Y más de una vez se va de tiempo y termina descompaginando al resto de mi cuerpo. Mis cuerpos.
Entonces el hi-hat es mi mente y los platillos sus ideas locas. Porque si surgen de a una y en orden suenan armoniosamente; pero en el vértigo caótico de mis ataques de ansiedad, retumban con un eco espantoso en mi cabeza y en lo que esté a mi alcance.
Los pedales son como las extremidades inferiores. Lleva tiempo y práctica lograr la coordinación necesaria para fluir con ellos. Como un niño que aprende a caminar.
El redoblante, junto al resto de los tambores, son mi voz. Lo que expresa mi sentir. Ese lado primitivo, intuitivo, emocional.
Los palillos; la extensión de mi sentido del tacto. O quizás más; la extensión de mi ser.
Ya sé que debo mejorar mi groove y rudimentos. Que tengo que afinar mi instrumento, afinar mi vida.
Y en eso sigo pensando…

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Con los pies sobre la niebla

Con el cuerpo sumergido
en la niebla.
Con los pies sobre la Tierra.

Se hace difícil respirar
y distinguir la realidad,
de lo irreal.

Y la mente se sumerge
en esa niebla.
Tiempo y espacio, me nublan la visión.
Me hacen perder la inspiración.
Me pasa a mi,
te pasa a vos.
Y la cadena se rompió.

Con el ego sumergido
en las tinieblas.
Con los pies en la miseria.

Se hace difícil recordar
y distinguir el interior,
en lo exterior.

Y la verdad que emerge
de la niebla.
Mente recta que recuerda la misión.
Esa única misión.
Que me une a vos
En un presente eterno.