martes, 18 de noviembre de 2014

Divague sensorial

Hoy, en uno de mis clásicos trances me sorprendí cavilando que yo, soy una batería.
El ritmo de mi bombo corazón (según sea mi sentir), marca y bombea el tiempo de mi vida; me acompaña dilatadamente en la tranquilidad pero en la euforia golpea en agresivas fusas. Y más de una vez se va de tiempo y termina descompaginando al resto de mi cuerpo. Mis cuerpos.
Entonces el hi-hat es mi mente y los platillos sus ideas locas. Porque si surgen de a una y en orden suenan armoniosamente; pero en el vértigo caótico de mis ataques de ansiedad, retumban con un eco espantoso en mi cabeza y en lo que esté a mi alcance.
Los pedales son como las extremidades inferiores. Lleva tiempo y práctica lograr la coordinación necesaria para fluir con ellos. Como un niño que aprende a caminar.
El redoblante, junto al resto de los tambores, son mi voz. Lo que expresa mi sentir. Ese lado primitivo, intuitivo, emocional.
Los palillos; la extensión de mi sentido del tacto. O quizás más; la extensión de mi ser.
Ya sé que debo mejorar mi groove y rudimentos. Que tengo que afinar mi instrumento, afinar mi vida.
Y en eso sigo pensando…

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